Plebiscito e Identidad.
Cómo se hecho costumbre, dejamos a ustedes esta interesante columna de un colaborador de nuestro diario y también Trabajador Social, quien entrega su visión acerca del proceso eleccionario del próximo fin de semana.
“La revolución será feminista o no será”, “La revolución será con las disidencias o no será”, “La revolución será vegana o no será”, “La revolución será en bicicleta o no será”, y podría estar con estos eslóganes un buen rato. Es que la política identitaria se tomó la política hace rato, primero en el viejo continente, y como era de esperar en el tercer mundo. Y es que nuestro proceso constitucional esta lleno de reivindicaciones identitarias, porque nuestras izquierdas (centro izquierda incluida) se plegaron a la cola de este vagón. Muy a diferencia de lo que nos plantea el famoso historiador Eric Hobssbawm:
“Así pues, ¿Qué tiene que ver la política de la identidad con la izquierda? Permitanme decir con firmeza lo que no debería ser preciso repetir. El proyecto político de la izquierda es universalista: se dirige a todos los seres humanos. Como quiera que interpretemos las palabras, no se trata de libertad para los accionistas o para los negros, sino para todo el mundo”
Es que, en esta era posmoderna, ya sea la identidad por herencia o por elección, la lucha de unos derechos por sobre otros parecieran ser la unca forma de legitimar su existencia, siempre desde la diferencia con el otro que nos constituye, en una guerra de minorías contra mayorías que parecieran trasvasijarse. Se podría negar las injusticias que ha vivido el pueblo mapuche durante su historia, por supuesto que no o la discriminación que han vivido las disidencias sexuales en todas sus épocas, tampoco. El punto es el intento por centralizar el poder en subgrupos y no en el universo total. Ver el árbol, pero no el bosque.
A una semana del plebiscito, es muy difícil que cualquiera de los lectores se este fijando en discusiones leguleyas, sino más bien el relato, las manifestaciones y discursos que hay detrás de quienes aprueban y rechazan. Por más que se exprese que el texto deba ser leído por unos o por otros, observando determinados artículos, ni ustedes y yo somos juristas, por lo cual muy poca trascendencia tendrían nuestras interpretaciones. El tema es político. Es posible asumir la diada Apruebo con progreso y Rechazo con conservadurismo(?) Es factible pensar que con una opción avanzamos y con la otra retrocedemos(?) Cuanto de las políticas publicas se modifica con una constitución u otra(?) Cuanto dinero se necesita para que sea vigente la nueva Constitución(?) Cuan acorde a los procesos productivos y la nueva era se encuentra la nueva propuesta, y cuanto dista de la actual(?)
Me es imposible creer que el resultado del plebiscito pase por la simple distinción de izquierda versus derecha o progresistas versus conservadores. El abanico de interacciones es mucho más amplio y complejo. Es seguro que en ambos bandos usted se encuentre con gente que quiera una buena vida para su familia, salud digna, educación de calidad, pensiones justas, es más me atrevo a decir que es lo que el promedio de las chilenas y los chilenos responderían sobre lo que esperan de una nueva constitución.
Entonces la pregunta queda abierta: El nuevo texto aborda la universalidad de la población o establece la superioridad de subgrupos sobre otros. Esa es la clave política. Porque ojo al creer que actos como los vividos en Valparaíso con la bandera o el desprecio por elementos aglutinantes de nuestra sociedad son simples anécdotas. Pesan mucho más que una explicación de 100 juristas. Al final del día, lo que importa es vivir bien y en paz, no importa si usted es de derecha o izquierda, del Colo Colo o de la U, católico o evangélico, etc. Junto a las condiciones materiales favorables, también están las simbólicas.
Mayed Metuaze Zeidán
Trabajador Social
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